Víctimas de la fe: los sacerdotes alemanes sometieron a crueles abusos a casi 4000 niños

Víctimas de la fe: los sacerdotes alemanes sometieron a crueles abusos a casi 4000 niños

Mathias Katsch fue una de las primeras víctimas que tuvo el valor de levantar la voz y hacer públicos los abusos que tuvo que padecer mientras estudió en un colegio jesuita de Berlín.

Luego de su denuncia han sido muchos los secretos que se han revelado y la polvareda que se ha levantado, ya que a partir del escándalo que sus controversiales declaraciones generaron fue que la Conferencia Episcopal Alemana tomó la iniciativa de hacer una investigación interna que arrojó resultados alarmantes.

De acuerdo a lo que se pudo conocer, en setenta años han sido casi cuatro mil los casos de abusos de los que se tienen noticia, aunque para Kasch esta cifra no corresponde con la realidad, debido a las pruebas destruidas y porque la Iglesia no ha permitido el acceso a otras personas para investigar, además que el colegio donde estudió no formó parte de las indagaciones.

 

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Para Katsch la Iglesia debe reconocer el problema y afrontarlo. Matthias ahora es un portavoz de este tipo de delitos, tiene una asociación y es miembro del consejo de víctimas de abusos sexuales que contribuye en dar asesorías al gobierno alemán respecto al tema.

Matthias fue abusado cuando tenía trece años, pero tuvo el valor para hablar de ello hace apenas ocho años cuando tomó la decisión de ir con otros compañeros al colegio donde había estudiado, y solicitar al director establecer contacto con más de seiscientos compañeros que también pudieron haber sido víctimas. Ante tal petición, el director sólo pidió perdón y les indemnizó dos años después con cinco mil euros, lo cual consideran que “es un chiste”.

Lo que Matthias vivió fueron atrocidades incomprensibles para un chico inocente. Él relata que: “…con el pretexto de explicarme temas de sexualidad, me preguntaba sobre mis sueños, mi actividad autoerótica y mis deseos. Así me convencía para que me desnudara y poderme tocar. Luego, te enviaba al otro abusador. A ese le gustaba el sadomasoquismo. Durante mucho tiempo me fue preparando para una coreografía en la que tuve que arrodillarme en un banco y me pegaba con todo tipo de instrumentos, con un látigo y con un limpia alfombras y luego me ponía crema por detrás para calmarme las heridas. Así durante cuatro o cinco horas. Yo no entendía qué estaba pasando”.

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Así, como le ocurrió a Matthias, les ocurría a otros cien alumnos, por lo que ahora denuncia cómo la Iglesia, a través de su poder, ha actuado de una manera encubridora, y cómo es necesaria una investigación real para que también puedan compensar de veras todo el daño que muchos de sus miembros han ocasionado.

De realizarse una verdadera investigación, las cifras reales serían alarmantes, ya que lo que le sucedió a Matthias y a sus compañeros lo hacían sólo tres miembros de ese colegio. Es imposible imaginar la cantidad de crueldades que han podido cometer el resto de los confesores y profesores de la Iglesia, a nivel mundial.


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