"Siempre fui lesbiana": todo sobre la historia de Mickaela Selser, con 18 años ha experimentado el rechazo social por su tendencia

"Siempre fui lesbiana": todo sobre la historia de Mickaela Selser, con 18 años ha experimentado el rechazo social por su tendencia

Micaela Selser, es una influencer, tiene muchos seguidores en Instagram, y personas que la apoyan, pero desde que declaró ser lesbiana las cosas no siempre fueron fáciles para ella. Fue tan dura la discriminación que vivió que no pudo terminar siquiera sus estudios secundarios, debido al constante bullying del que era víctima.

Una experiencia terrible

Desde el primer día que fue a clases, Micaela Selser vivió una experiencia terrible, ya que uno de sus compañeros le gritó un insulto, y otros se sumaron para arrojarle papeles.

Ella relata que sus padres siempre se esforzaron para que mantuviese su cabello largo y fuese lo más femenina posible, lo cual incluía tener muchos vestidos rosados y muñecas, pero ella sentía que no encajaba en todo aquello.

Comenta que nunca le parecieron atractivos los chicos, y que aborrecía la ropa femenina. Tampoco le gustaba el cabello largo, aunque considera que el cabello no tiene géneros.

Sin embargo, cuando tenía doce años le pidió a su papá que la llevase a cortarse el cabello. Su papá la llevó a la peluquería y desde entonces se despidió de su larga cabellera rubia, para salir con un corte más masculino.

Una vez que su apariencia había cambiado, sintió la necesidad de decirle la verdad a sus padres, pero no pudo confesar que era lesbiana porque sentía temor y no quería que sus padres sintieran dolor, así que les dijo que era bisexual.

Su mayor sorpresa fue darse cuenta que sus padres ya se habían percatado de la situación, ante lo cual su mamá le dijo: “¿Vos pensás que no me di cuenta?”, “Está todo bien”. Su papá también lo aceptó, pero le advirtió sobre los peligros del mundo y cómo podía ser lastimada por el simple hecho de no ser igual que la mayoría.

Las palabras de su padre le habían parecido una exageración, sin embargo, luego comprobó que eran reales y comenzó a vivir un verdadero infierno, tal como ella misma lo sostiene.

Desde su primer día de clases comenzó a sufrir la discriminación por ser diferente. Luego de las palabras, llegaron los golpes. Con el tiempo, ella comenzó también a responder a las agresiones. Tuvo la suerte, más tarde, de hacer amistad con unos chicos y estos comenzaron a defenderla.

Pero, incluso en casa las cosas no fueron tan fáciles como pensó porque, si bien sus padres aceptaban que fuese lesbiana, no le permitían llevar su novia a su casa y ella sufrió mucho por verse obligada a vivir reprimida.

En su casa, las cosas mejoraron, pero en el colegio empeoraron. Ella terminó siendo lastimada y la monja y la profesora que observaban no hicieron nada al respecto, sino que más bien le vaticinaban que ardería en el infierno por ser lesbiana.

A pesar de lo lastimada que resultó, en la escuela no la apoyaron, sino que la botaron y ella comenzó en otro colegio, pero las cosas también se tornaron agresivas. Su mejor amigo, quien la ayudaba a defenderse de los ataques, falleció, y ella –en una crisis depresiva- incluso pensó en quitarse la vida.

Luego de superar la depresión, con ayuda psicológica y psiquiátrica, entró en un tercer colegio, donde empezó a recibir amenazas, todo por ser lesbiana. Hoy se siente feliz de ser cómo es y poder expresar su verdadera identidad. Terminar la secundaria sigue en su agenda de asuntos pendientes.

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